diciembre 5, 2017

Guitarritmos

Entre la calle y el auditorio; entre lo popular y lo académico, se sitúa Guitarritmos. Un espectáculo en el que se explora la frontera entre estos dos ámbitos artísticos. Un programa que integra la frescura y la creatividad con la elaboración y la sutileza.

Numerosos compositores han encontrado en la música tradicional y popular una inspiración a partir de la cual encontrar su propio camino creativo. No obstante, desde principios del s. XX esta tendencia se vio acentuada de forma más evidente. Y no es casualidad que este sea, precisamente, el momento en que arranca uno de los periodos más prolíficos en la creación de obras originales para guitarra, que abarca hasta nuestros días. Es, el nuestro, el instrumento que acaso mejor navegue entre estos dos universos, porque participa de ambos sin excluirse mutuamente.

Asturias fue compuesta en la década de 1890, época en la que Albéniz residía en Londres. A pesar de su nombre, el tema no tiene ninguna relación con la tradición musical de Asturias, estando más bien relacionada con el flamenco andaluz. A su publicación por Pujol en Barcelona en 1892, Albéniz la concibió como un preludio a la colección «Cantos de España». Años más tarde se convertiría en el quinto movimiento de la Suite española op. 47.

Dedicada y compuesta para nuestra formación, la Suite Septembrina (2017) de Hugo González (1984) aúna la amplia paleta expresiva del postmodernismo con el impulso rítmico y otros recursos típicos del flamenco. Consta de cinco movimientos conectados motívicamente, a lo largo de los cuales recrea los sucesos que desencadenaron la Revolución Septembrina de 1868 y que constituyeron el primer intento de instaurar la democracia en España.

Elaborado a partir de un profundo conocimiento de las posibilidades sonoras de la guitarra, Quartet Breu (1999) es un ejemplo de hasta qué punto es compatible tomar como inspiración el flamenco popular y a partir de ello desarrollar un lenguaje muy personal, en el que la textura tiene un papel fundamental.

Entre 1964 y 1970, Astor Pantaleón Piazzolla (1921-1992) aúna su tradición tanguera con su predilección por la música barroca, en este caso Vivaldi. La mirada al pasado académico se refleja de una forma muy sutil en la evocación de ciertos rasgos melódicos; se hace más visible en el uso de progresiones armónicas junto a breves diseños melódicos y en el contraste de matices, y se torna mucho más evidente en la ideación de una música descriptiva para crear sus Estaciones Porteñas. Aunque, en este último caso, se busque transmitir el paisaje sonoro de la ciudad de Buenos Aires de los años sesenta en las diferentes épocas del año, junto a los estados de ánimo que genera en el músico esos cambios del biorritmo urbano.

Finalmente, el compositor estadounidense Andrew York (1958) combina de forma magistral la técnica de composición minimalista con las influencias de la música popular moderna. Ello hace de Quiccan (1995) una obra sorprendente y de brillante factura.

 

 

ASTURIAS  (LEYENDA)                                     I. Albéniz

 

SUITE SEPTEMBRINA                                                  Hugo González

La noche de San Daniel

Crisis

¡A las armas!

Secuelas

Victoria

 

QUARTET BREU                                              Feliu Gasull

Lullaby

Mosaic

 

ESTACIONES PORTEÑAS                                                        Astor Piazzolla

Primavera

Invierno

 

QUICCAN                                     Andrew York